1 de enero de 2010

Mi último pensamiento del año

La cuenta regresiva no tardaba en iniciar, sólo los brillos intermitentes del árbol de navidad iluminaban por pausas mi presencia. Entonces pronuncié su nombre, suave como un susurro, y evoqué su imagen como último deseo del año moribundo.

Sonó la primer campanada.
Los ojos son los primeros en encontrarse y me mira insinuante, retadora. Con la proximidad, percibo el olor de su cálida piel... Extiendo mi mano y su largo y oscuro cabello hace gruesas hebras entre mis dedos; al acariciarla, siento su cuello latir con fuerza contra mi mano, que se desliza hasta su hombros. Me detengo.

Un beso.
Pequeño, suave y tímido al principio.

Los cuerpos se sienten, se toman su tiempo para reconocerse; sus formas, nuestros ritmos, su voluptuosidad, nuestra ansia. Los brazos se estrechan y el beso crece en intensidad ¡La sexta campanada! Ahora se que el momento no durará para siempre, así que cierro sus ojos y los beso, pruebo sus labios, mordisqueo su cuello... y termino de perderme en el nacimiento de sus pechos.

Saboreo en mi lengua, en mis labios, ese gusto de su cuerpo. Tan extraño y conocido, amargo y tan dulce... No debo distraerme, me quedan pocas campanadas.

Recorro con mis manos su espalda y la aprisiono para que su cuerpo se acerque aún más al mío, para sentir de cerca el calor que emana de su vientre, para que sienta la dureza de mis deseos por ella. El suave vaiven pronto se convierte en ansioso frenesí. Me sujeto fuerte de ella y en cada embestida intento entrar más profundo en su interior...

Luego la rigidez, la explosión, el dulce fin.
Un beso, un largo beso me indica que terminó. La doceava campanada se extingue...

El mundo exterior grita de alegría y yo vuelvo a sentir el frío de la noche y la soledad de mi casa. Feliz año nuevo, mi último beso... mi último amor.

26 de julio de 2009

¿Sabes qué te quiero hacer?

Tomarte por la cintura y respirar el aroma de tu cabello,
besar tu cuello y morder suavemente tu oreja.
Subir mis manos por tu vientre hasta alcanzar tus senos
y acercarme hasta sentir tu cuerpo contra el mío.
Que me sientas por completo sobre y en ti.

Volver mis manos a tu vientre, acariciar tus muslos
por fuera y por dentro.
Besar tu espalda hasta el nacimiento de tus nalgas,
y entonces acariciarlas, apretarlas... morderlas.
Recorrer por detrás tus piernas hasta alcanzar tus pies,
y regresar arriba por el camino interior.

Jugar con los dedos de tus pies, tocar los pliegues de
tus rodillas,
rasparme con los vellos de tu monte y hundir un dedo
en tu ombligo,
tropezarme una, dos veces con tus pechos y jugar con
tus pezones.
Besar tu cuello y morderlo, sentir el pulso entre mis
dientes y mis labios,
acariciar tus labios con los míos y darte un suave beso...
uno pequeñito.

Besar tus párpados, cerrar tus ojos y juntar tu frente
con la mía.
Cerrar tus oídos, amarrar tus manos, inmovilizarte...
Robarte y no regresarte jamás.

Tienes razón...
¡Me obsesionas!

1 de febrero de 2007

Entraste como el aire de la noche, despacio, llenabas mi habitación cubriendo mi cama y mientras el frío helaba mi piel y hacía que se levantara todos y cada uno de los poros de mi cuerpo, tu, te posabas sobre mi.

Tenía los ojos cerrados y descansaba de lado, siempre del costado izquierdo para poder dormir bien. Tú, susurraste algo a mi oído, pero no, no lo entendí, el murmullo era algo tan imperceptible que me dio miedo voltear. Apreté los ojos para no caer en la tentación y sentí la calidez de tu aliento sobre mi cuello, sobre mi hombro semidesnudo, tus manos mas calientes que las mías se hicieron mi almohada y así descanse junto a ti.

Paso algún momento, talvez algunas horas, en realidad no lo se, pero despacio, de la forma más cuidadosa que pude giré a la derecha y te encontré. Descansabas a mi lado, te mire, te observe y pensé que ahí mismo podría morir. Tus pestañas cubrían tus ojos, descansabas con esa tranquilidad que solo se ve en un recién nacido sin miedos ni preocupaciones; te veía respirar y sabía que no había mayor dicha que tenerte a mi lado…

No se por que me enamoré de ti, aun no lo podía decir, pero eras sueño, alegría y dicha en el corazón.

Levanté mi cabeza para liberar tu brazo, me levanté solo un poco para tener una mejor vista de ti. Me posé sobre ti, pero sin tocarte, pues no quería despertarte, solo observarte y siendo lo más sutil que pude besé tu frente, me acerqué para percibir el aroma de tu cabello y me perdí en él. Mis instintos me dominaron y continué besándote, la nariz, los ojos, los labios… Fue un beso tierno, uno pequeño para no perturbarte, pero mis labios sobre los tuyos siempre desataban esa pasión que nos envolvía y nos llevaba a ser uno.

Despertaste y sonreíste, continuaste el beso y tomándome de la cadera me acercaste a ti. Tus manos como peces nadaban por mi espalda, me recorrían hasta los hombros y me acercaban a ti.

Algo mas se despertó, el deseo de pertenecía y de unión; y así, con besos y caricias nos hicimos uno solo, nos sentamos de frente y nos mirábamos tan fijamente como en la primera vez, pero con la pasión como si fuese la última vez. Era todo mágico y perfecto, quitabas el cabello de mi cara para verte en mis ojos y yo besaba tu cara mientras nos hacíamos cada vez más y más rítmicos.

Ahora eras tú quien tomaba la iniciativa y me posabas sobre la cama, las sábanas de seda ayudaban a que tus movimientos fueran suaves pero decididos. Tapaste mis ojos con tu mano y en un gesto me pediste no hablar. El tener los ojos cerrados incrementaba exponencialmente mis otros sentidos. Con el dedo índice recorriste mi pecho dibujando palabras que al leerlas me hicieron sentir mas. Un beso en la frente, uno en el cuello y uno mas en el abdomen, tu boca en mi ombligo me hacía retorcerme de placer. Dejaste un poco de bao para calentarme y mi reacción no se hizo esperar, mi cuerpo clamaba por el tuyo y el tuyo ansiaba tanto estar en el mío, que así sin mas palabras destapaste mis ojos y callaste mis labios con un beso, tan paradójicamente tierno y salvaje que no había mas que decir.

Estar juntos, de madrugada era el mejor momento del día pues me hacía recordar que ser tu esposa, ser tu mujer, era el mas grande de los regalos que la vida me había dado, y sabía que aunque habían pasado muchas situaciones difíciles para que ambos pudiéramos disfrutarnos en este momento, todas esas vicisitudes habían tenido un propósito real.

Al terminar como cada noche, nos prometí cuidarte y respetarte por encima de todo y todos por siempre y para toda la eternidad.

18 de octubre de 2006

Un elevador...

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que sintió sus labios, tanto que el coraje y la rabia habían sustituido ese gran amor. Las palabras obscuras desvanecieron las afectivas y dejaron todo en el olvido.

Sucedió pues, que un día se toparon de frente y como en cualquier hoguera la cenizas seguían ahí. En un pasillo, aguardando a un elevador se encontraron y aunque se hallaban rodeados de una multitud, sus miradas los delataron al instante.

Fue solo un saludo, un beso en la mejilla y el inevitable roce se dio, el impulso de sentirlo cerca la llevó a sentir su abdomen y a él a llevar sus labios lo más cerca que pudo de los de ella.

Por un instante el mundo se detuvo, y todo lo que vivieron pasó justo delante de sus ojos…

Era un día de invierno, habían acordado verse para estar juntos por primera vez y como en toda primera vez estaban nerviosos. Finalmente llegó el día esperado, el parecía sereno, seguro de lo que pasaría; tan firme como siempre!

Todo había comenzado con un inocente coqueteo, y la intensidad de las palabras se vio incrementada al grado de provocar el más irracional de los deseos... se encontraron solos en el cubo de unas escaleras y sin poder remediarlo se besaron.

Que beso! No había necesidad de decir nada, pues las palabras sobraban, sus labios se habían entendido por encima de todo y desataron la más apasionada tormenta.

Cuando se hallaron por fin, frente a frente su ropa fue cayendo tan imperceptiblemente rápido que cuando se dieron cuenta, estaban completamente desnudos. Seguían frente al elevador y ella moría por revivir esos momentos, sus manos recorriendo sus nalgas y acercándole a su miembro. Wow... fue solo ese instante y sentía su aliento recorriéndola, recorriéndole la piel, excitándola al punto de suplicar por sentirlo dentro...

Estúpido e irónico, pero un elevador revivió toda la pasión que ambos creían enterrada...

5 de febrero de 2006

Pensaba en ti

​Pensaba en ti, y en la forma en la que nuestros cuerpos se encontraron... Cerraba los ojos y tus labios estaban ahi, acariciando los mios...

De pronto tus manos entraron al juego, y me tomabas por la cintura, pero nuestros labios nos arrastraban hacia algo mas.

Semidesnudos comenzamos un juego, un juego lleno de placer, locura y desenfreno, tus manos encontraron la forma de guiarme hacia ti y sin mas movimientos te uniste a mi...
No lo podía creer.. estabas ahí tan dentro de mi, llenando mi vida de ti, de tu ser...
 
Ahora no se si fue un sueño o si en realidad así fue...

27 de septiembre de 2003

Entonces... Quédate!!

Llegada la noche, el olor del mar me provoca que piense en ti, la luna reflejada en la alberca, el cielo despejado y claro, me deja ver las estrellas que brillan con una gran intensidad. Un cometa cruzando el cielo me hace pensar en lo pequeña que soy y en tu grandeza...

Me asusta tanto estar sola, últimamente eres en lo único en lo que pienso, sabes? Desde hace algunos días, mis pensamientos, energías y sentimientos sólo se han visto enfocados hacia a ti, algo pasa pero disfruto tanto estar a tu lado, tu compañía, tu presencia, estar entre tus brazos, tocarte, sentirte cerca de mi. Ahora sólo queda algo más por decir...

...Entra en mi, abrázame, acércame, estréchame a tu cuerpo, déjame sentirte dentro... tan fuerte... tan rico... Hazme tuya, y arráncame un suspiro, conviérteme en un objeto de placer y déjame disfrutarlo contigo... quiero acercarme a tu cuello, tomarte entre mis brazos, envolverte con mis piernas... tener tu boca en mis senos mientras me pierdo en tu aroma, quiero beber tu fuerza y así alimentarme de tu sangre, tan cálida... tan tuya... como en una mar que es infinito... tomar tus muslos entre mi cuello, enredarte en mi, acercarme a la calidez de tu miembro.. Sentirlo tan cerca... como mirándome... como llamándome... pidiéndome que este ahí para él por que me necesita, y yo a él, haciendo cada vez más inevitable el contacto de tu miembro con mi cuello... con mis labios, con mi boca que ansia su llegada...

Descubrir lo que es la humedad de mi lengua sobre tu piel... el éxtasis del sudor y las lágrimas mezcladas con el dolor y el placer por sentirte mío.. por saberte dentro... por saberte vivo...

Este claroscuro, hace que mis pupilas se dilaten, pero no es sólo eso, es tan bien el verte aquí enfrente de mí, tan grande... tan majestuoso, abusando de la belleza que el sexo implica... dejándome con ganas de mas... de ti... de tu existencia.. De cada paso, cada pensamiento y sentimiento... despertándome a la pasión.

Llevándome al límite del goce... al punto final, a reunir todas mis energías en un sólo punto, que entre tanta excitación se derrite entre tu piel...

Átame a tu cama, véndame los ojos, háblame al oído, dame de comer invítame a probar tus mieles, tu pasión, y entre tanta pasión buscar un sitio nuevo...

Hacerlo en pleno bosque, conviviendo con la naturaleza, entre hojas secas que cubren nuestra desnudez y simultáneamente nos ocultan de los mirones; como animales salvajes que buscan un lugar para descargar su energía sexual; como personas que desean entregarse a lo prohibido, al “no esta bien”, explorando nuestros cuerpos como otro paisaje de la naturaleza, con la plena conciencia del saber que se hace.. estando entre ramas, y naturaleza, sin autos, música, ruidos artificiales, tan básico, tan simple... como los náufragos que buscan una isla para no perecer, así busco tu cuerpo.

Te has vuelto tan indispensable como el aire, como el agua... la calma que tus brazos traen cuando me estrechan calman mi tempestad, la sensualidad de tus ojos cuando me miran para decirme que es conmigo con quieren estar...

....Desgarrándome la ropa en un acto de deseo, sujetándome con fuerza para no dejarme ir, aprisionándome entre la cama y tu cuerpo, para ensartarme con tu aliento, con la potencia de un impulso carnal...