3 de octubre de 2012

Más

Quiero que veas...

Entrecerró la cortina y se sentó nuevamente en la cama, iluminada en la penumbra, se reclinó apoyándose sobre una mano mientras con la otra comenzó a zafar los botones de su largo abrigo negro. Los fue botando uno a uno mientras yo contenía mi respiración y me dejaba embriagar por el ansia de verla despojada de su primer prenda.Ver su cuello desnudo, al descubrirse sus hombros… sentí un mareo cuando deslizó su abrigo por su espalda y quedó expuesta su fina figura moldeada por un sexy corsé morado adornado con listones negros y magenta... Eso no me lo esperaba.

Se deshizo de los últimos botones que aún cubrían sus piernas hasta las rodillas y dejó que la prenda reposara sobre la cama. Parecía satisfecha con mi reacción y ella misma también se veía agitada.

Ya no pude esperar más.

Tomando su mano, la insté a levantarse, la giré de espaldas a mi y la cubrí con mis brazos, buscando acoplarme a su cuerpo. Inhalé, llenándome con el nuevo aroma, recorriendo su cuello y acariciando su cabello. Recorrí sus hombros, su espalda... y besé donde, hacía poco, habían estado jugando mis dedos.

Mis manos buscaron sus caderas y siguieron el camino de sus piernas recorriéndolas, apretándolas. Y haciendo el máximo contacto sobre su falda, las entrelacé sobre su vientre. Dio un respingo hacía atrás que aproveché para eliminar la poca distancia que aún existía entre nuestros cuerpos. Giró su rostro buscando mi mirada y ya sin restricciones, sin inhibiciones... Nos besamos.

2 de octubre de 2012

Primera vez

Ella fue la primera en entrar a la habitación, en ir a las grandes ventanas de vidrio granulado, correr las cortinas haciendo luz y oscuridad en el cuarto. En revisar la mesa del tocador con sus vasos, el menú, el cenicero... Pero se detuvo al tomar la envoltura plástica. Creo que fue en ese momento cuando la realidad le llegó de golpe. El cómo habíamos llegado hasta ahí, el porque...

Me acerqué a Ella y mirando su reflejo le dije El que estés aquí... Pero deslizó su mano por mi rostro y calló mis labios con sus dedos en un gesto tan dulce que me sorprendió. Negó con la cabeza No digas nada y tenía razón, si ambos estábamos ahí, era porque así lo deseábamos.

Me apartó con su mano y con una seña de su dedo me indicó quedarme ahí, recargado en el mueble. Ella se sentó en la orilla de la cama y puso su mochila a su lado, metió la mano. Lo primero que me mostró fue el antifaz de plumas moradas y negras, sonreí al verlo. Una máscara, después de todo, te permitía hacer o decir cosas que de otra manera no podrías.

Se volvió y me miró. Intentó decir algo que se quedó en sus labios y su rostro enrojeció. Respiró profundo y volvió a intentarlo, tomó un paquete y me lo extendió ¡Quiero que me cuides! Me sonrojé aún más que ella al recibir la caja pero sonreí al pensar que esa era la intención, por lo que durara... Cuidar uno del otro.

Se colocó el antifaz y su mirada cambió, sobra decir que también mi forma de verla. Ya no era esa chiquilla conocida, ni la amiga de años...

Era una promesa.

6 de septiembre de 2012

En la oficina


La mandé llamar porque aún faltaban sus firmas en algunos documentos. Y a penas atravesó el umbral de Dirección, cerré la puerta tras ella.

Sonreímos ante la ironía.
Llevábamos algunos días buscando un momento para despedirnos antes de que acabara el curso pero no habíamos encontrado el momento. La oportunidad...

Tenía poco que el Director había tenido que salir a una de sus juntas de emergencia, la conserje no había asistido ese día (así que no había nadie que entrara y saliera de la oficina) y cómo los maestros estaban ensayando con sus grupos en el patio, con las bocinas a TODO volumen, a nadie extrañaba que la Dirección estuviese cerrada.

¿Con qué quieres empezar?
Me prometiste un abrazo pero...
¡Será el abrazo entonces!
Y sonreí satisfecho con su elección.

Pasé mis brazos por su espalda y cintura, mientras ella rodeaba mi cuello y nuestros cuerpos se encontraron cada vez más cercanos y conocidos. Entonces, en un acto más instintivo que razonado, decidí traspasar el límite implícito. Deslicé mis manos hasta alcanzar sus nalgas y por un segundo sentí su cuerpo respingar.

Ni siquiera me miró.
Se quedó tan quieta que temí su posible reacción pero ninguno de los dos soltó al otro, entonces acercó aún más su cuerpo al mío e inició un vaivén muy sensual, rozando su cadera con la mía. Mi erección no tardó en estorbarle.

Se tomó su tiempo para acomodarse y yo me dejé hacer, cuando  nuestras intimidades se encontraron levantó por fin su rostro, buscó mi mirada y suspiró:

...Rico.

Y en ese momento, todo lo demás me importó un pepino.

3 de agosto de 2012

Por tu culpota, hoy voy a soñar con chocolate...
¿Me dejarás con las ganas?

1 de agosto de 2012

Cincuenta sombras de Grey

Recientemente empecé a leer este libro por recomendación de una amiga y debo decir que estoy complacido por el lenguaje sencillo y directo de la autora, de las descripciones que hace a través de su personaje principal, Anastasia Steele, pero sobre todo del erotismo que destila cada letra que le pertenece a Christian Grey.

No, no es una lectura sencilla ni para todo el mundo porque para entrar en el mundo de Cincuenta sombras... hay que ser la completamente-entregada-por-amor o el oscuro ser que ella intenta descubrir y amar.

Libera tu mente le dice Christian a Ana, disfruta sin prejuicios parece decir E.L. James a los lectores.

23 de junio de 2012

Sábana adentro


Siendo uno de los últimos equipos en la competencia de la escuela, sólo quedaba una prueba... hacer la hilera de ropa más larga. Suéteres y chamarras, zapatos y tenis, calcetines, gorras, playeras y... ¿blusas? Si, mucha ropa propia y prestada se colocó en la plataforma del patio, atravesó el estacionamiento pero pocos se desprendieron de su ropa como Ella. ¡Y por su puesto que no me quise quedar atrás! Poco a poco me fui despojando de cuanto llevaba puesto hasta que sólo una sábana prestada fue lo único que me cubrió.

Entonces, Ella colocó el clavo del ataúd de nuestros contrincantes; se sacó, como haciendo un truco de magia, el brassiere por debajo de un jumper que también le habían prestado... Y eso fue lo último que pudo soportar mi cordura. Como si mi piel fuera la raposa tela de mezclilla, podía imaginar la calidez y suavidad de su piel rozándose contra la mía, envolviéndola; imaginar la dura unión de las costuras calentándose en la entrada de su intimidad como si fuera la punta de mi pene. La fría tela acariciando su espalda y marcando sus suaves nalgas.

Sus pechos firmes apretados en el peto del jumper y en contacto directo ahora que ya no llevaba puesto el sujetador. Sus pezones, endureciéndose cada vez más por la extraña sensación que le producía el roce de las fibras...

¡Qué suerte que llevaba una túnica amplia! Porque la erección para ese momento ya era evidente. Fuimos anunciados como el equipo ganador y cada quien fue tomando lo suyo. Yo recolecté mis prendas de dónde las había y con la ropa bajo el brazo busqué un lugar donde vestirme. Pero, al entrar al hall del edificio más alejado, me quedé de una pieza. Ella también se detuvo, sin saber exactamente que hacer; si terminar de quitarse el overol o ponerse la prenda que tenía más cerca. Nos quedamos así por un rato que pareció eterno y entonces me acerqué a Ella, la tomé de la mano y me sonrió...

¿Hay lugar en esa sábana? Y yo abrí mis brazos para recibirla.

14 de junio de 2012

No me despiertes

Porque he estado soñando con tus labios y tu sonrisa traviesa, tus dulces besos; soñando con tus pechos asomándose descarados por el escote de tu vestido azul, provocandome a sentirlos palpitar en mis labios y probar su sabor en mi boca; he estado soñando con tus nalgas ¡Dios, cómo me gustan! Y aún, después de tanto tiempo, siento su forma y firmeza en las palmas de mi manos...

¡Quiero seguir soñando, poseyéndote en mis sueños!

Soñar con labios que han dejado atrás la timidez y besos que se beben sin pudor; soñar con manos que buscan y se encuentran en cada palmo de nuestros cuerpos; dedos que acarician, que aprietan, rasgan... Quiero seguir soñando con el calor y la humedad de tu interior, con la sed que solo calma tu fuego; soñar con la violencia sin control del acto de amor.

Quiero aturdirme con el jadeo, bañarme en el sudor, buscar lo que ven las miradas perdidas, sentir el límite y experimentar la explosión de placer llenándote y cubriéndome.

Sonríes...
Y yo ya no quiero despertar.